Espejos para Creer
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No todos los espejos dicen la verdad. Algunos, cuando toman forma humana, reflejan lo que proyectan desde dentro: sus carencias, sus expectativas, su relación con el patriarcado, sus temas sin resolver. 

Julia Cameron, la gurú del movimiento El Camino del Artista y principal promotora de que las personas descubran o retomen su relación con la creatividad, dice que es indispensable tener believing mirrors: alguien que crea en nuestro proyecto, en que podemos lograrlo. Hemos de ser selectivas en la búsqueda de quién puede cumplir ese papel en nuestras vidas.  Por ejemplo, un error frecuente es recorrer a la familia o a los amigos porque resulta que alguien que nos quiera mucho no siempre es la mejor opción; en nombre del amor se esgrimen miedos, roles y celos. Así no se puede cumplir la función de un Espejo Creyente que es ahuyentar a los monstruos que acechan nuestros escritos. Ya sabemos cuáles monstruos: ¿quién se cree ella para escribir?, ¿quién va a querer publicar su obra?, ¿cómo se atreve a hablar de ese tema?, ¿a quién le importa lo que tiene que decir?

Hace una década, cuando borré mi blog en un arranque auto-destructivo, tuve un Espejo Creyente. No me juzgó por mi arrebato ni me recriminó haber dejado plantada a mis lectores incipientes. Creyó en mí dando por hecho que yo seguiría escribiendo, punto. Era una verdad evidente aunque yo no pudiera verla o validarla en ese momento. Bastaron esas palabras para darme la fuerza que me hacía falta, y seguir. Un año después publiqué mi primer libro. No he dejado de escribir desde entonces. Ya sea mi post semanal, otro libro, antologías, participación en concursos, tuits. Escribo, es lo mío.

A partir de haber vivido el poder de que alguien crea en mí, yo soy Espejo Creyente de personas que escriben. Es una estafeta que nutre colectivamente, a quien la porta y a quien la recibe. Es irnos recordando nuestro derecho individual de crear y de compartir nuestros significados. Y aunque hoy no cuento con un Espejo Creyente me siento de maravilla con mi proceso de escritura. He aprendido a ser la primera que cree en mi trabajo y mantengo los monstruos a raya, muertos de hambre. ¿Qué autoridad —desde los cánones de la literatura— tengo para escribir? Ninguna. Y justo por eso, desde la libertad que me da escribir por gusto, porque es inevitable en mí, no sólo escribo: también termino lo que empiezo. No me abandono, no me apuñalo con juicios acerca de mi validez. Sigo, y seguir escribiendo me da motivos para confiar en mí y en mis proyectos. 

En caso de bloqueo mental, dudas majaderas, idea burbujeante o simplemente por cuestión de salud: busquemos Espejos Creyentes. Que el guiño desde el reflejo del «yo creo en ti»  se abra paso entre las libretas y culmine, glorioso, en las repisas de las librerías y en el buró de los lectores. Quizás ellos y ellas, desde ese reflejo, también se animen a  construirse desde la escritura.

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